THE RUNNER: CORRER NO SIGNIFICA AVANZAR
Gal Gadot corre. Corre mucho. Corre por Londres, corre de un lado al otro, corre contra el tiempo y corre para salvar a su hijo. El problema es que, mientras ella corre, la película parece no saber muy bien hacia dónde ir.
The Runner, dirigida por Kevin Macdonald y estrenada en Prime Video, parte de una premisa que sobre el papel funciona: Maia Marten, una abogada de alto perfil, sale a correr como cualquier otra mañana hasta que recibe una llamada que convierte su rutina en una pesadilla. Su hijo fue secuestrado. Para recuperarlo deberá obedecer una serie de instrucciones y mantenerse en movimiento mientras alguien controla cada uno de sus pasos.
La idea tiene potencial. Un thriller en tiempo real, Londres como tablero de juego, tecnología de vigilancia, una madre sometida a una presión extrema y una decisión moral que puede convertir a una defensora de la ley en asesina.
¿El problema?
La película no está a la altura de su propia premisa.
Las críticas fueron particularmente duras con The Runner: se cuestionaron su guion, su lógica interna, el exceso de montaje y una tensión que nunca termina de construirse.
Y sí: tienen un punto.
CUANDO LA PELÍCULA TE PIDE QUE DEJES DE PENSAR
The Runner funciona solamente si aceptamos sus reglas sin hacer demasiadas preguntas.
El problema es que esas preguntas aparecen solas.
Hay situaciones que resultan poco creíbles, decisiones de los personajes que parecen existir únicamente para llevar a Maia de una escena a otra y momentos donde la lógica narrativa queda completamente subordinada a la necesidad de que la protagonista siga corriendo.
La película confunde velocidad con tensión.
Que un personaje corra no significa que el espectador esté desesperado.
Que una cámara se mueva frenéticamente no significa que exista adrenalina.
Y que una historia transcurra casi en tiempo real tampoco garantiza suspenso.
El resultado es un thriller que tiene momentos visualmente interesantes, pero que constantemente parece pedirle al espectador un acto de fe.
No pienses demasiado. Seguí mirando.
Y cuando una película de suspenso necesita que dejes de pensar para funcionar, algo salió mal.
GAL GADOT: EL PROBLEMA NO ES QUE SEA MALA
Acá hay que separar dos cosas.
Gal Gadot es una estrella.
Y también es evidente que Gal Gadot no tiene un rango interpretativo particularmente amplio.
En The Runner queda expuesto.
Maia necesita desesperación, miedo, vulnerabilidad, paranoia, agotamiento y una transformación psicológica profunda. Gadot puede transmitir intensidad física, presencia y determinación, pero cuando el personaje necesita atravesar emociones más complejas, la actuación se vuelve mucho más limitada.
Incluso algunas críticas señalaron precisamente esa falta de profundidad emocional.
Pero tampoco sería justo convertirla en el chivo expiatorio de una película que tiene problemas bastante más grandes.
Porque Gadot tiene algo que muchas actrices técnicamente superiores no poseen:
AURA.
Tiene presencia.
Tiene una estética cinematográfica muy particular.
Tiene esa capacidad de entrar en cuadro y hacer que el personaje parezca importante antes de decir una sola palabra.
Y eso explica buena parte de su carrera.
Wonder Woman funcionó, entre otras cosas, porque Diana Prince no necesitaba ser una mujer completamente cotidiana. Necesitaba ser una figura casi mitológica.
Ahí Gadot encontró un personaje que jugaba a favor de sus virtudes.
The Runner, en cambio, le exige exactamente lo contrario: ser una mujer común sometida a una situación extraordinaria.
Y ahí aparecen las limitaciones.
EL VILLANO: MUCHO RUIDO, POCA AMENAZA
El otro gran problema es el antagonista.
El personaje interpretado por Damian Lewis debería ser el motor psicológico de toda la película. Es la voz que controla a Maia, la presencia invisible que determina cada movimiento y la amenaza que debería hacer que el espectador sienta que cualquier error puede terminar en tragedia.
Pero no funciona.
El villano necesita transmitir inteligencia, peligro, obsesión o incluso una cierta fascinación.
Acá transmite poco.
Hay momentos en los que parece que la película intenta decirnos que estamos frente a alguien perturbador en lugar de conseguir que nosotros realmente lo percibamos como perturbador.
El guion explica demasiado al monstruo y demuestra demasiado poco.
Y cuando el antagonista pierde misterio, la estructura completa empieza a desmoronarse.
Porque si no creemos en quien está detrás del juego, tampoco creemos completamente en el peligro.
Y SIN EMBARGO, HAY ALGO INTERESANTE
Lo curioso es que The Runner no es una película sin ideas.
Tiene una premisa atractiva.
Tiene Londres.
Tiene una fotografía y una puesta en escena que intentan generar movimiento permanente.
Tiene a Gal Gadot corriendo durante buena parte de sus 84 minutos.
Y tiene una pregunta que podría haber sido mucho más interesante de lo que finalmente resulta:
¿Hasta dónde puede llegar una persona cuando alguien que ama está en peligro?
Ese dilema moral podría haber sido el corazón de la película.
Pero el guion prefiere la persecución.
Y ahí pierde una oportunidad.
Por eso mi veredicto es bastante simple:
The Runner es mala.
No porque sea lenta.
No porque sea aburrida.
Paradójicamente, el problema es que intenta ser intensa todo el tiempo.
Es una película que confunde movimiento con narrativa, ruido con tensión y velocidad con emoción.
Y cuando termina, uno tiene la sensación de haber visto a Gal Gadot correr muchísimo para llegar prácticamente al mismo lugar.
PERO HABLEMOS DE GAL GADOT Y DC
Y acá es donde The Runner termina conectándose con una discusión bastante más interesante.
Porque mientras Gadot promocionaba la película, volvió a hablar públicamente sobre su salida del universo DC.
Y sus declaraciones merecen algo más de atención de la que recibieron.
Según Gadot, después de la llegada de James Gunn y Peter Safran a DC Studios, inicialmente le habían transmitido que Wonder Woman 3 se desarrollaría con ella.
Después, las cosas cambiaron.
Gadot explicó que no hubo una comunicación particularmente clara y cuestionó la manera en que fueron tratados varios integrantes del antiguo universo cinematográfico. En particular mencionó a Henry Cavill y a Patty Jenkins, afirmando que la situación “no fue manejada con elegancia”.
Y acá, guste o no Zack Snyder, hay que reconocer algo:
la crítica de Gadot es legítima.
No hace falta ser fanático del SnyderVerse para entenderlo.
Henry Cavill había regresado como Superman en Black Adam. Su regreso había sido presentado públicamente como algo significativo para el futuro del personaje. Poco después, con el cambio de conducción de DC Studios, ese futuro desapareció y Cavill confirmó que no continuaría.
El propio Cavill, en aquel momento, aceptó públicamente el cambio de guardia y deseó suerte a Gunn y Safran.
Pero una cosa es aceptar una decisión empresarial.
Otra cosa es que la transición haya sido elegante.
Y probablemente ese sea el punto más interesante de lo que está diciendo Gadot ahora.
EL PROBLEMA NO ERA REINICIAR DC
James Gunn tenía derecho a reiniciar DC.
Warner tenía derecho a cambiar de estrategia.
Un estudio puede decidir que quiere otra continuidad, otro tono, otros actores y otra estructura.
Eso forma parte de Hollywood.
El problema está en cómo se hace.
Porque el antiguo universo no era simplemente una colección de películas fallidas.
Tenía personajes reconocibles, actores asociados a esos personajes y una audiencia que había construido una relación emocional con ellos.
Henry Cavill era Superman.
Gal Gadot era Wonder Woman.
Ben Affleck era Batman.
Y Zack Snyder había sido uno de los principales arquitectos de aquella versión.
Podía gustarte o no.
Pero existía.
Y tenía seguidores.
Por eso resulta comprensible que Gadot haya mirado lo ocurrido con Cavill y haya pensado: si así terminó Superman, ¿qué garantías tengo yo?
De hecho, según sus propias declaraciones, ese fue precisamente uno de los factores que observó antes de decidir qué hacer con su futuro como Wonder Woman.
¿Y VOLVERÍA A SER WONDER WOMAN?
Acá aparece una declaración todavía más interesante.
Cuando le preguntaron directamente si volvería a interpretar a Wonder Woman en un escenario donde Zack Snyder regresara para dirigir nuevamente DC y desarrollar nuevas películas de la Liga de la Justicia, Gadot respondió:
“If Zack comes back to run DC, I’ll come back.”
La frase es bastante contundente.
Pero hay que ponerla en contexto.
En otra entrevista reciente, Gadot también explicó que, en su situación personal actual, no está segura de querer comprometerse nuevamente durante tantos años con una producción de Wonder Woman.
No es necesariamente una contradicción.
Una cosa es decir “volvería si Zack regresara a liderar DC” y otra muy diferente es afirmar que actualmente está buscando volver al personaje.
La puerta está entreabierta.
Pero tiene una condición bastante grande escrita encima:
Zack Snyder.
LA IRONÍA
Y esto nos devuelve a The Runner.
Porque Gal Gadot está protagonizando una película que expone claramente sus limitaciones como actriz dramática.
Pero al mismo tiempo estamos hablando de una actriz que encontró un personaje que encajaba extraordinariamente bien con su presencia.
Wonder Woman no necesitaba que Gal Gadot fuera Meryl Streep.
Necesitaba que pareciera Wonder Woman.
Y eso lo consiguió.
Por eso, aunque The Runner sea una película floja y aunque Gadot tenga un rango interpretativo limitado, sería un error reducir su carrera a eso.
El casting también consiste en entender qué actor puede hacer algo que otro no puede.
Gadot tiene presencia.
Tiene físico.
Tiene aura.
Y tiene una asociación con Diana Prince que todavía permanece intacta para millones de espectadores.
Quizás el error fue intentar convertirla en una actriz que el personaje nunca necesitó que fuera.
Y quizás el error de DC fue pensar que reiniciar un universo significa que automáticamente desaparece todo lo que funcionó en el anterior.
VEREDICTO
The Runner es un thriller olvidable.
Tiene una buena idea mal desarrollada, demasiadas situaciones ilógicas, un antagonista que nunca consigue convertirse en una amenaza realmente memorable y una protagonista que tiene presencia de sobra, pero no el rango interpretativo necesario para sostener por sí sola la dimensión emocional que el guion pretende.
Gal Gadot no salva la película.
Pero tampoco es justo culparla por hundirla.
La película ya venía corriendo hacia el precipicio.
Y quizá la verdadera noticia no sea que Gadot haya hecho una mala película.
La verdadera noticia es que, después de todo lo ocurrido con DC, todavía existe una posibilidad —por pequeña que sea— de volver a verla con la armadura.
Pero solamente bajo una condición.
Si Zack vuelve, Gal vuelve.
Y ahí, guste o no, hay una historia bastante más interesante que la de una abogada corriendo por Londres.
Calificación: Leon J. Blaze: 2/5 estrellas.
LEON J. BLAZE
Director de Contenidos
Leon J Blaze es creador de Warwolf Comic, profesor y diseñador gráfico publicitario. Especializado en narrativa visual, cómics, cultura geek y comunicación digital, participa en proyectos editoriales, audiovisuales y de contenido multiplataforma.
Contacto: Leonjblaze@laradicheta.com.ar
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