El fracaso de Supergirl vuelve a demostrar que ninguna franquicia sobrevive cuando la ideología ocupa el lugar que deberían tener la historia y sus héroes.
Hay algo que conviene aclarar desde el principio: el público jamás tuvo un problema con las mujeres fuertes en la ficción. Esa idea simplemente no resiste el menor análisis histórico.
Xena fue una leyenda de la televisión y uno de los personajes femeninos más importantes de la cultura pop. Sarah Connor redefinió el cine de acción. La Femme Nikita demostró que una protagonista compleja podía sostener una historia adulta y fascinante. Y la Wonder Woman de Gal Gadot conquistó al público porque puso el heroísmo y la aventura en el centro de la experiencia.
Nadie necesitó sermones para amar a esas heroínas. Se ganaron su lugar porque estaban bien escritas y porque sus historias conectaban con la audiencia.
Por eso, desde esta columna, la explicación de la llamada «fatiga de superhéroes» resulta cada vez menos convincente. El público sigue respondiendo cuando encuentra personajes auténticos, épica y respeto por la esencia de las franquicias. Lo que muchos espectadores sienten es un cansancio frente a producciones donde el mensaje parece ocupar el lugar que antes pertenecía a la aventura.
Para una parte importante del fandom, casos como She-Hulk, The Marvels o las polémicas que rodearon a Captain Marvel reflejan precisamente ese problema: la percepción de que determinadas decisiones creativas priorizan una visión ideológica antes que la construcción de personajes memorables y el entretenimiento.
Y ahora, Supergirl vuelve a encender ese debate.
Las críticas negativas y la fría recepción de la película han puesto una enorme presión sobre el nuevo universo de James Gunn. Lo que debía ser el renacimiento definitivo de DC empieza a generar dudas demasiado pronto. Cuando la audiencia deja de conectar emocionalmente con los personajes, ninguna campaña de marketing puede solucionar el problema.
En este contexto, la analista Grace Randolph fue una de las voces más críticas con la dirección creativa actual y con el trabajo de Ana Nogueira dentro de DC. Randolph sostuvo públicamente que, en su opinión, la guionista debería mantenerse alejada de algunas de las IP más importantes del estudio hasta demostrar que puede reconectar con el público y preservar la esencia de estos personajes.
No siempre coincido con Grace Randolph. De hecho, en varias ocasiones tuve diferencias importantes con sus análisis y sus lecturas de la industria. Pero en este caso particular, comparto gran parte de su preocupación.
Cuando franquicias históricas empiezan a perder identidad y generan más discusiones ideológicas sobre el rumbo creativo que entusiasmo genuino por sus historias, es inevitable preguntarse si las personas adecuadas están al frente de estos proyectos. Y esa reflexión alcanza tanto a la guionista Ana Nogueira como al propio James Gunn, quienes hoy cargan con la enorme responsabilidad de definir el futuro de personajes que forman parte del imaginario colectivo de varias generaciones.
Porque Batman, Superman o Wonder Woman no son propiedades cualquiera. Son mitologías modernas construidas durante generaciones. Y el margen para equivocarse con ellas es mucho más pequeño de lo que Hollywood parece creer.
La gran ironía de todo esto es que cada nuevo tropiezo del DCU está provocando algo que hace unos años parecía imposible: una reivindicación cada vez mayor del Snyderverse.
Sí, el universo de Zack Snyder tenía errores. Sus películas dividieron a la audiencia y muchas de sus decisiones creativas fueron cuestionadas. Pero incluso quienes nunca compartieron su visión reconocen hoy que había algo innegable: pasión, detalle y un profundo respeto por la mitología de estos personajes.
Había épica. Había simbolismo. Había una identidad visual y narrativa propia.
Y el mejor ejemplo de ello sigue siendo Zack Snyder’s Justice League. Años después de su estreno original, el Snyder Cut continúa encontrando audiencia y posicionándose entre los contenidos más vistos cuando llega a nuevas plataformas como Netflix, demostrando que el interés del público por esa visión de DC sigue más vivo de lo que muchos ejecutivos quisieran admitir.
La comparación con el presente resulta inevitable. Mientras el nuevo universo de James Gunn todavía lucha por consolidarse y algunas de sus producciones generan más polémica que entusiasmo, una obra de cuatro horas, nacida del reclamo de los fans y considerada durante años un proyecto imposible, continúa movilizando espectadores alrededor del mundo.
Uno podía estar de acuerdo o no con Snyder, pero difícilmente podía acusarlo de no amar a estos personajes. Cada plano transmitía la sensación de que estaba construyendo una mitología moderna, no simplemente una franquicia más dentro de la maquinaria de Hollywood.
Quizá esa sea la mayor lección que deja el contraste entre ambas etapas: el público puede perdonar errores, puede aceptar riesgos creativos e incluso divisiones dentro del fandom, pero lo que nunca perdona es la ausencia de alma, de identidad y de una visión clara para los héroes que marcaron generaciones enteras.
Porque los grandes íconos de la cultura pop nunca necesitaron dar lecciones para convertirse en leyendas.
Calificación Leon J Blaze: 2/5 estrellas.
LEON J. BLAZE
Director de Contenidos
Leon J Blaze es creador de Warwolf Comic, profesor y diseñador gráfico publicitario. Especializado en narrativa visual, cómics, cultura geek y comunicación digital, participa en proyectos editoriales, audiovisuales y de contenido multiplataforma.
Contacto: Leonjblaze@laradicheta.com.ar
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